Una provincia que atrasa

Todos los candidatos a gobernador son hombres. Los diputados nacionales son hombres. Hay terreno fértil para construir un espacio que cruce a las capas más vulnerables de la sociedad con los sectores medios y la militancia. Y con las mujeres al frente de ese plan.

Por Natalia Barés

Publicada en [R]umbo N°29

Los movimientos políticos, sociales, feministas y culturales tienen en Salta un gran desafío, pero también una gran oportunidad. En un escenario electoral atomizado, con espacios desperfilados y plagados de incertidumbre, es necesario conformar una nueva estructura que contenga y proyecte estas representaciones particulares y pueda tender un puente entre los sectores medios, los más vulnerables y la militancia política. En un universo abiertamente machista, que profundiza su machismo en esta provincia, los hitos de la lucha feminista mostraron caminos alternativos para la organización y una nueva forma de concebir y hacer política en la Argentina del siglo XXI.

Cuando se intenta describir un escenario posible en 2019, en Salta se habla de “ellos”. En escala de aspiraciones a gobernador, ante la imposibilidad legal de Juan Manuel Urtubey de buscar un nuevo mandato, aparece primero Miguel Isa, actual vicegobernador. Por detrás Gustavo Sáenz, actual Intendente de la capital por Cambiemos, pero con un historial político camaleónico: surgió del peronismo, ganó la elección con el massismo -fue el compañero de fórmula presidencial de Sergio Massa en 2015- y terminó alineado con el macrismo. Más atrás asoman Sergio Leavy y el inefable Alfredo Olmedo, diputados nacionales por el Frente para la Victoria (FPV) y Salta Somos Todos, respectivamente.

A esta planilla de actores de la política tradicional salteña hay que agregar otros dos. Uno es el Partido Obrero, que alguna vez fue tendencia quedó atrás y en las últimas elecciones no sacó más del 7%; y el otro son los sellos aglutinados en gran parte por la CTEP, como el Movimiento Evita, Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y Patria Grande, que no logran ampliar sus vínculos más allá de las actividades concretas presentadas por la lucha política y los lineamientos nacionales.

Esta caracterización plenamente machista de la referencia política es la misma que se vislumbra en la representación parlamentaria de los salteños. Mientras Salta es la segunda provincia con más femicidios de la Argentina y la de mayor tasa de abortos clandestinos. Mientras Salta es pionera en una ley de paridad que reza “la postulación de precandidatos y candidatos deberá respetar la igualdad real de oportunidades garantizando la participación equivalente de géneros para el acceso a cargos electivos”. Mientras todo eso pasa, la Cámara de Diputados que votó el 13 de junio la ley de aborto legal, seguro y gratuito vio cómo las siete bancas de Salta estaban ocupadas por hombres.

La misma Cámara -y todo el país, a partir de la transmisión online de la sesión- pudo verificar cómo, tras más de dos meses de debate en comisiones y el paso de más de 720 expositores, los diputados Andrés Zottos (Bloque Justicialista), Martín Grande (PRO) y Olmedo, con total impunidad, contaban lo que, para ellos, sienten, quieren y proyectan sobre ellas y sobre sus cuerpos.

Esta predominancia patriarcal es la que la construcción de un nuevo espacio político tiene que combatir. Este es el espacio que Seamos Libres tiene que motorizar e impulsar en Salta.

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