“El desafío es avanzar en la idea de la educación superior como derecho humano”

Profesor de teoría del Estado y de filosofía del derecho, y a cien años de la reforma universitaria, plantea la necesidad de profundizar el “desarancelamiento” porque “los sectores más pobres tienen más dificultades para acceder, permanecer y egresar”.

Entrevista a Mauro Benente

Por Daniela Ledesma

Publicada en [R]umbo N°29

La reforma universitaria cumple cien años. ¿Hay una disputa por la significación de esos hechos?

Creo que sí y me parece inevitable. Uno puede hacer un relato de los hechos históricos, pero también narrar una historia de cómo se construyeron y redefinieron los sentidos de esos hechos. La historia no se agota en los hechos, sino que hay que incluir los sueños que no se plasmaron en hechos, y los distintos sentidos que se construyeron sobre los sueños y los hechos.

El Poder Ejecutivo dispuso que los documentos oficiales incluyeran la leyenda “2018, año del centenario de la reforma universitaria” y los distintos gremios docentes se oponen a la política universitaria del Gobierno en nombre de la reforma. Esto muestra una disputa por el sentido de la historia, porque pensar la historia es una forma de transitar el presente (qué rápidamente se vuelve historia) y proyectar el futuro.

Los partidos que la reivindican como hazaña propia forman una coalición de gobierno que está desarrollando un vaciamiento de la educación superior. ¿Cómo se interpreta esa contradicción?

Es difícil responder y, en principio, no es posible negar que reivindicar la reforma y desfinanciar la universidad pública sea una contradicción. Pero me parece que, para explicar al menos algo de la tibia recuperación de la reforma, hay que tener presente dos cuestiones. La primera es que gran parte de los reformistas, con la excepción de Manuel Ugarte, hacía la década de 1940 fueron no solamente antiperonistas sino muy cercanos a la Unión Democrática. Existe, entonces, una deriva antiperonista y anti obrerista de la reforma que no debemos olvidar. La segunda se vincula con la coalición electoral –no de gobierno- de Cambiemos: el radicalismo gobierna un número importante de las universidades nacionales; y una parte de la base electoral de Cambiemos es una derecha liberal que, posiblemente, tenga afinidades con un modo liberal de comprender la reforma.

“Los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”. ¿Cuáles serían esas libertades hoy?

Vos mencionás una frase del manifiesto liminar, que está continuada por otra: “Estamos pisando una revolución”. Una posible lectura, no la única pero la que me interesa recuperar, indica que la reforma universitaria era una revolución cultural que debía transformarse en una revolución política y social. Esta es la lectura que realizaron (Víctor) Haya de la Torre y (José Carlos) Mariátegui en Perú, (Juan Antonio) Mella en Cuba, con matices (José) Vasconcelos en México, y luego reclamó Alfredo Palacios en Argentina, en la segunda parte de la década de 1920. El dolor que queda es que la revolución que se estaba pisando se escapó. Las libertades que faltan son las mismas, las que vendrán con la emancipación.

A 100 años, ¿podrías identificar tres desafíos urgentes de la universidad pública?

Yo reduciría los desafíos a solamente uno: avanzar en la idea de la educación superior como derecho humano, como se planteó en las declaraciones finales de la Conferencia Regional de Educación Superior de UNESCO de 2008 y 2018, frente a una concepción de educación superior como un bien transable, como la plantea la Organización Mundial del Comercio (OMC). Si avanzamos en la noción de educación superior como derecho humano, como derecho individual a acceder, permanecer y egresar, pero también como un derecho del pueblo, creo que podemos resolver otros desafíos: la profundización del desarancelamiento, la producción de un conocimiento insusceptible de apropiación individual, privada y privativa, que es la lógica del capitalismo cognitivo, entre otros.

Esas reformas permitieron que un nuevo sector social, que había logrado ir a la escuela con la ley 1420, pueda ingresar a la universidad.

Tengo un matiz con esa lectura de la reforma: el ensanchamiento de la matrícula universitaria, el ingreso de los excluidos y excluidas, se produjo con la supresión de aranceles, estipulado mediante el decreto 29.337, del 29 de noviembre de 1949, dictado por Perón. El desarancelamiento de la universidad ocupó un lugar extremadamente marginal en la agenda reformista.

¿Qué sectores están afuera hoy?

Creo que hay un afuera geográfico y un afuera de las clases más oprimidas, afueras que están vinculados. Los sectores más pobres tienen más dificultades para acceder, permanecer y egresar, y muchos siguen fuera de la universidad. Por otra parte, hay muchas regiones en las cuales no hay universidades públicas: recordemos que antes de las 17 universidades nacionales que se crearon durante el kirchnerismo varias provincias carecían de universidades nacionales. El establecimiento de universidades en lugares donde hasta hace muy poquito tiempo no había, permitió que los sectores más empobrecidos accedan a la educación superior, y tengan una vía para lograr lo que generalmente se denomina “ascenso social” y que yo prefiero leer en los términos de una sociedad menos desigual.

¿Inclusión y calidad son antagónicas?

Tenemos que rediscutir qué significa calidad y prefiero el concepto de democratización, porque la inclusión puede significar incluir a una estructura que, paradójicamente, puede ser excluyente. Diría que si la educación superior no es de calidad, entonces no es inclusiva.

El Gobierno planifica el cierre de carreras universitarias. ¿Cómo se puede pensar un sistema de educación superior a nivel federal y local, que produzca profesionales y conocimiento que favorezca a las regiones?

No estoy al tanto de esa planificación, pero la pertinencia o impertinencia de la oferta académica sólo puede discutirse en relación al modelo económico, social y cultural de país. Yo invertiría los términos de la pregunta: primero me preguntaría qué significa favorecer a las regiones y luego trazaría los marcos del sistema educativo.

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