[Editorial] Desfasado

Publicada en [R]umbo N°29

Es sabio eso de que “si te hablan de economía y no se entiende es porque te están mintiendo”. Los enredos y tropiezos del ¡mejor! equipo económico de los últimos 50 años por querer explicar los beneficios de ajustar más y mejor al pueblo son imágenes de un plan que empieza a tambalear. Tal vez por primera vez el mundo PRO se enfrenta al dilema de ser un espacio que llegó al poder para quedarse y marcar una nueva etapa o, por el contrario, resignarse a ser algo transitorio, una suerte de paréntesis en la historia.

Sin embargo, El PRO no es solo una fuerza electoral. Es un proyecto económico, político y cultural que encarna una forma de concebir el mundo, acorde al neoliberalismo del siglo XXI. El macrismo es sin dudas una derecha moderna. Su capacidad de interpelar a los nuevos sujetos sociales, tanto en sus aspiraciones materiales como -especialmente- en sus deseos post-materiales ha sido, hasta acá, uno de sus mejores baluartes.

Incluso cuando se observa el fenómeno a nivel regional, se hace evidente que es la novedad más significativa. En comparación con otras derechas latinoamericanas, Cambiemos se sale del libreto y rompe con ciertos paradigmas ortodoxos. Logra perfilarse como la punta de lanza en la construcción de una nueva hegemonía que expresa a las elites para enfrentar los populismos y socialismos. Pero la avanzada de la “ceocracia” entra en crisis cuan- do los problemas económicos se recrudecen y su rostro cool empieza a desfigurarse. Si la ciudadanía elige por cómo está su bolsillo o lo hace porque el voto es cultural, ya que expresa valores que van a más allá de lo económico, es un debate que aún no se ha saldado.

Lo extraño es que Macri hace al pie de la letra todo lo que dicta el libreto neoliberal y, paradójicamente, es el pro- pio mercado el que lo acerca al abismo. Su imagen está en su peor momento. Se perdió la expectativa de que la situación económica mejore, una expectativa que siem- pre, hasta hoy, fue favorable. Se rompió la luna de miel entre Cambiemos y una parte significativa de sus votan- tes, que son un factor importante de gobernabilidad. No obstante, si bien el descontento va en aumento, todavía no lo capitaliza ninguna figura opositora.

¿Por qué si el Presidente es un alumno aplicado del paradigma liberal es el mismo establishment que lo devora, con corridas cambiarias que arrasan reservas y con derrumbes de bonos? Las respuestas son múltiples, pero no es solo un problema nacional. El liberalismo, como filosofía, está en crisis a escala mundial.

Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, defendía con vehemencia su hipótesis de que la globalización ha muerto, que el liberalismo se ha suicidado como meta-re- lato, es decir como horizonte político e ideológico capaz de encausar esperanzas colectivas hacia un único des- tino. El relato del fin de la historia tuvo su fin y hoy las respuestas internacionales que emergen son proyectos políticos proteccionistas, muchas veces xenofóbos, y euroescépticos.

El PRO se constituyó en vanguardia de las derechas modernas, justamente por su capacidad de conectar con va- lores propios de la hipermodernidad. Sin embargo, en las últimas semanas su relato está desfasado, las perspectivas de la sociedad se han alterado y el titubeo del Gobierno lo coloca en una posición defensiva. El escenario cambió, hay un vacío a ocupar y una oportunidad inédita para la oposición. El desafío entonces es, ponerse rápidamente en marcha, acelerar los procesos y construir la fuerza política-cultural que este dispuesta hacer de 2019 el primer paso para transformarlo todo.

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