Aborto legal, en el hospital

La ola feminista que empujó la media sanción de Diputados pone en cuestionamiento el poder médico sobre el cuerpo de las mujeres.Es la pérdida de ese control lo que desata la respuesta reaccionaria de parte del sistema privado y hasta de algunos profesionales.

Por Magdalena Vallarino

Publicada en [R]umbo N°29

Se han escuchado muchas voces a lo largo de las jornadas de discusión del proyecto de ley de aborto legal, seguro y gratuito, que señalaron lo evidente y extrañamente invisibilizado durante casi un siglo: el marco normativo argentino no penaliza el aborto, sino la osadía de las mujeres de decidir sobre su sexualidad, ya que permite el aborto por causales, cuando la relación sexual no fue consentida y cuando el embarazo acarrea un riesgo para la salud o la vida. La definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que plantea la salud como un estado de completo bienestar físico, psíquico social ha permitido que las y los profesionales comprometidos con los derechos de las mujeres y colectivas feministas amplíen las fronteras de las interrupciones legales, incluyendo en esta última causal todas las situaciones en que un embarazo compromete la posibilidad de una vida digna y libremente elegida para la mujer o persona gestante que lo transita.

A días de la media sanción de la ley de legalización del aborto en la Cámara de Diputados, un conjunto de clínicas privadas de renombre anunció que, así exista una ley, no practicarán abortos. Y reclamaron una medida que incorpore la objeción institucional, sumada a la objeción de conciencia de los y las profesionales, ya establecida en el proyecto. En la misma línea, profesionales médicos de distintos puntos del país publicaron en sus redes sociales que no cumplirán con la ley en caso de que se sancione y amenazaron hasta con prácticas de tortura, como la realización de legrados sin anestesia.

Si en la Argentina el aborto ya es legal por causales, cabe preguntarse: ¿qué alarma tanto a estas prestigiosas instituciones médicas? Si en los países donde el aborto se legalizó, como Uruguay, no sólo disminuye drásticamente la tasa de mortalidad materna -es decir, muertes de mujeres por causas relacionadas con un embarazo- sino que, también, tiende a la baja la cantidad de abortos que se realizan, ¿por qué quienes se declaran en contra del aborto también lo hacen en contra de esta ley? Lo que sucede es que esta marea verde cuestiona el poder médico sobre el cuerpo de las mujeres, tan hegemónico en la historia como los privilegios del varón. Porque esta es una marea hecha del deseo para que le devuelvan a las mujeres la potestad de decidir sobre su salud, su sexualidad, su maternidad y sus vidas.

Las mujeres son las principales usuarias de los servicios de salud, producto del rol socialmente asignado a las tareas de cuidado. Les sobra experiencia en los periplos que implica el acceso a un turno, las defensas que son necesarias poner en marcha cuando asisten  a una consulta con alguien a quien no conocen y en quien, por defecto, no confían.

No aceptamos volver a nuestras casas sin una ley que termine con la arbitrariedad que nos deja libradas a la buena voluntad o maltrato de médicos, ecografistas o enfermeros de turno. No aceptaremos si pretenden ampararse en nuestra victoria ganada en las calles para desatar el odio que la pérdida de control sobre otras vidas les provoca. Las mujeres vamos a seguir abortando, exigiendo al Estado que se haga cargo y, más temprano que tarde, al aborto en la Argentina va a ser ley.

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